Exposiciones/Exhibitions 2017

Adiós horizonte

Goodbye Horizon

Geraldiny Guerrero, Gabriel Mejía
Curaduría: LIBERIA
Texto: Manuela Besada Lombana
Junio–Julio 2017
Geraldiny Guerrero, Gabriel Mejía
Curator: LIBERIA
Text: Manuela Besada Lombana
June–July 2017
Horizonte se define como la línea que de manera aparente separa al cielo de la tierra, una línea de horizonte separa también los profundos misterios del origen de las cosas, de la moral y el mundo de la realidad inmediata que nos es tan familiar, una línea de horizonte es además la herramienta fundamental gramatical para la construcción de un paisaje; que a la vez se define como un punto de vista de una extensión de terreno considerada un espectáculo. Basta con un zapping de canales de tv para familiarizarnos con el contenido de Adiós Horizonte.

Hace poco en una discusión de borrachos un querido amigo decía que no importaba quién ganara las elecciones en EEUU nada iba a pasar, una amiga contra argumentaba que Trump era un loco y que tendría acceso a armas de destrucción masiva que podría detonar en cualquier momento. Yo pensaba que ambos escenarios era un poco sombríos, tanto un mundo político estático, dónde no hay un cambio estructural significativo, o una muerte colectiva que contraria al fin de la era de los dinosaurios no dejaría petróleo, fósiles o vestigios de una especie que apenas parpadeó en la historia de globo terráqueo.

Quizás sea lo ficcional aquello en lo que más probabilidades nos gusta ver, ya sea mediante ID (Investigation Discovery), dónde con frecuencia narran la historia de una persona cualquiera, que podría ser nuestra hermana, o por lo menos la hermana de alguien, o nuestra novia, o quizás la esposa del vecino. Desde el principio sabemos que esa historia desemboca en su muerte, pero no en una muerte cualquiera, una muerte violenta, rara, a manos de un sujeto sanguinario que encarna la maldad, una muerte irreal que a la vez nos garantiza el show de TV es una muerte real de una historia real. A pesar de que la muerte de nuestro protagonista deja entrever falencias en nuestro sistema, al final, hay justicia, el victimario fue encontrado y nos sentimos aliviados y confiados en que sí hay garantías de justicia.

Casi como parte del imaginario colectivo universal, a manera un nuevo paradigma, nos cuesta muy poco trabajo imaginar escenarios desiertos en los que una bomba nuclear arrasa con la humanidad, o en la que un meteorito cae sobre la tierra acabando lentamente con todo aquello que vive y desencadena una sola gran muerte colectiva. A lo largo de los años hemos aprendido que la trayectoria hacia el fin será lenta, que nuestras protagonistas tendrán que enfrentarse a una realidad hostil en la que tendrán que ser espectadores de paisajes lúgubres, incendios, catástrofes, canibalismo, y de un horizonte que se desdibuja, es decir un espectáculo en el que ya no habrá línea divisora. Mientras que no hay nada más laborioso que saber o imaginar que nuestras muertes muy seguramente serán aburridas, corrientes y solitarias mientras que las vidas de unos otros que trabajan quizás en una mina de carbón serán agonías de años a causa de un EPOC en las que a diario verán la devastación lenta de un paisaje que alguna vez fue verde, o que la muerte de mucho negros en EEUU será con un arma blanca en una calle cualquiera a manos de un hombre blanco que odia a la diferencia, no irá a la cárcel e idolatra a Trump a razón de un problema de base llamado pobreza y desinformación.

La Ciencia Ficción por extraordinaria, irrisible y precaria que sea tiene más cabida en nuestros imaginarios que el fin un sistema económico opresor, que el antagonismo de clases, que el hecho de que todos los días pasan cosas, que quizás no nos pasan a nosotras en nuestra realidad inmediata, pero sí a alguien, a un alguien menos privilegiado que vive en un lugar cualquiera que nos está tan lejos.

La obra de Geraldiny Guerrero y Gabriel Mejía quizás no tengan tanto en común a primera vista, más allá de los materiales precarios, el humor punzante y algo cretino hay un gesto en común, la idea de una línea horizontal muy delgada que separa la realidad de una cosmogonía contemporánea colectiva.


Manuela Besada Lobana
Horizon is defined as the line that apparently separates the sky from the earth, an horizon line also separates the deep mysteries behind the origin of things, of the moral, and of the world of the immediate reality that is so familiar to us, an horizon line is also the fundamental grammatical tool for the construction of landscapes which is defined at the same time as the point of view of an area of land considered a spectacle. It only takes some zapping through channels to get familiar with the content of Adiós Horizonte.

Recently in a drunk discussion a dear friend said it didn’t matter who won the US elections nothing was going to happen, a friend argued the contrary by saying that Trump was a madman and that he would have access to weapon of mass destruction which he could detonate at any time. I thought both scenarios were rather gloomy, either a static political world where there is no significant structural change, or a collective death that opposed to the end of the age of the dinosaurs it wouldn’t leave oil, fossils, or vestiges of a species that barely blinked in the history of the globe.

Maybe it’s in fiction where we like to see higher chances, either through ID (Investigation Discovery), where they often tell the story of a random person, who could be our sister, or at least someone’s sister, or our girlfriend, or maybe the neighbor’s wife. From the beginning we know this story ends in his death, but not in a simple death, in a violent death, a weird one, at the hands of some bloodthirsty guy who embodies the evilness, an unreal death, while the TV show guarantees that it’s a real death from a real story. Despite the fact that the main character’s death lets on failures of the system, at the end there’s justice, the victimizer was found and we feel relieved and confident that there are guarantees of justice.

Almost as a part of the collective universal imagination, in a way a new paradigm, cost us very little work to imagine deserted scenarios in which a nuclear bomb devastates humanity, or in which a meteorite falls on the earth, putting an end to every living thing, and triggers one big collective death. Over the years we have learned that the trajectory to the end will be slow, that our protagonists will have to face a hostile reality where they will have to be spectators of dreary landscapes, fire, catastrophes, cannibalism, and an horizon that blurs, in other words, and spectacle where there will be no border. As long as there’s nothing more laborious that knowing or imagining that our deaths will probably be boring, ordinary, and lonely, while other people’s lives who maybe work in a coal mine will be years of agony because of an EPOC in which they will daily see the slow devastation of a landscape that was once green, or that the death of many black men in US will be with a bladed weapon in some street at the hands of a white male who hates difference, who won’t go to jail, and who idolizes Trump because of an underlying problem known as poverty and disinformation.

For outstanding and absurd that is Science Fiction, it has more space in our imaginary than the end an oppressive economic system, than class antagonisms, than the fact that things happen every day, that maybe they don’t happen to us in our immediate reality, but they do to someone, to someone less privileged who lives in some place that is so far from us.

Whether through and installation (Lujo moderno, Gabriel Mejía) using materials somewhat tacky (mañé) that we are familiar with, and that through layers of transparency seeks to achieve darkness and build a landscape; or a quote from a science fiction book (The road, Cormac Mccarthy) carved on coal from a local mine referred to (El contra-espectáculo de las cosas dejando de existir, Geraldiny Guerrero) Adiós Horizonte give us a glimpse into the little glitch in our preconceived notion of the world, that honest mistake in which our eyes becomes kind of noisy. Whilst we are afraid of the end, we cannot stop picturing it together, and picturing it as a big spectacle provided by the earth. The work of Geraldiny Guerrero and Gabriel Mejía may not have much in common at first sight, beyond the non-permanent materials, the sharp humor, the staging: there is a common gesture, the idea of a very thin horizon line which separates the immediate reality from a collective contemporary cosmogony.

Manuela Besada Lombana



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