Exposiciones/Exhibitions 2019





ACTOS EN SILENCIO

‘SILENT ACTS’ 

Karen Lamassone, Liliana Vélez
Curaduría: Andrés Matute
Texto: Andrés Matute 
Enero  - Febrero 2019
Fotografías: Carlos Orozco
Karen Lamassone, Liliana Vélez
Curator: Andrés Matute
Text: Andrés Matute
January - February 2019
Photographs: Carlos Orozco
i.
En un video hay una mujer desnuda sentada en un piso oscuro, quizás el de una cocina. Por trece minutos engulle cáscaras de huevo que toma de una columna junto a ella, previa y cuidadosamente apilada, de tamaño equiparable al de un falo humano en erección. La trituración bucal de la cáscara produce un sutil sonido que da placer, similar al placer de reventar burbujas de plástico de envoltura. Al mismo tiempo, podrá producir repulsión pensar en el paso de las migas de carbonato de calcio por el aparato digestivo: inundando la boca, rozando encías, secando la lengua y formando una pasta espesa que baja a la fuerza por la garganta hasta encontrarse inútilmente con los ácidos del cuerpo. Es intrigante esa extraña ingesta, el paso constante con que la persona introduce esa substancia no bienvenida por el organismo hasta dejar la pila que emulaba a un falo reducida a nada.

Se podrá especular sobre el implacable régimen de crianza que ha producido a un sujeto con ese nivel de perseverancia y control de impulso. Es posible lanzar la hipótesis de que esta muestra de severa voluntad desciende de la tradición cultural católica, en la que el martirio metódico y auto infligido fue (en sectores radicales lo es aún) un medio de purificación. Ninguna otra tradición cultural dominante en Colombia puede dar razón de este tipo de acción y el acto que puede verse en el video no surge de la nada. Desde un punto de vista sociológico, aunque la acción del video se da y circula dentro de la esfera especializada del arte, está inevitablemente conectada con tradiciones de programación cultural en nuestro contexto. Por esto, la acción del video no se queda en un capricho subjetivo, sino que compete a la colectividad en un sentido más amplio y queda la pregunta: ¿Qué lleva a un sujeto a hacer esto?

Aquí el catolicismo ha impuesto durante siglos nociones de rigor y templanza que llevan a prácticas psicológicas y corporales de algún modo equiparables a la que se puede ver en Huevo, de Liliana Vélez. Si para el radical practicante católico la purificación se logra a través de la ejecución de una contrita penitencia en la que el cuerpo aguanta un estímulo adverso, digamos un flagelo o un cilicio en secreto o en la intimidad del retiro en una habitación, bajo la supervisión omnipresente de una figura de autoridad inapelable –el ojo de Dios que todo lo ve-, para la performer hay pleno grado de logro al desintegrar –someter–, por medio de la fastidiosa ingesta y posterior defecación, a ese objeto fálico. La tensión de la obra radica en el contraste entre la imagen de un sujeto que encarna una inofensiva belleza (según imaginarios hegemónicos simplificados sobre el sujeto femenino) y un acto suficientemente abominable.

ii. 

En el texto de la serie Baños (Cali, noviembre de 1979, galería Club de Ejecutivos) Miguel González habla sobre el trastocado carácter de las naturalezas muertas pintadas por Lamassonne. Señala que «están compuestas por papel higiénico, desodorante, champú y jabones. Los humanos se bañan o defecan…» y añade «... Es distorsionada la perspectiva y el dibujo caprichosamente alterado. Los ángulos más inusuales son escogidos para elaborar situaciones que enseñan escenas recortadas, indicativas de lo esencial para que este trabajo posea unidad, personalidad y el entusiasmo de un pintor-mujer, adentrado a la intimidad de la vergüenza, el pudor, la especulación o el experimento…».

Además de la extrañeza que pudo haber generado la exposición Baños por los inusuales objetos y espacios representados -refrescante antítesis del statu quo de buenas costumbres burguesas encarnadas en juiciosos y bellos cuadros de jarros y frutas colgados en salas y comedores de casas-, es de resaltar la expresión «intimidad de la vergüenza». En S/T (figura femenina en baño con piso rojo) que fue parte de la muestra del 79 y está incluida en la exposición actual, se ve la representación de una mujer metida en un baño que tiene aspecto de ser público, definido por rincones corr oídos y por la presencia de un orinal. Ésta está sentada directamente sobre un inodoro de uso libre, imagen que podrá generar cierta incomodidad en el espectador que divague sobre el estado de higiene del lugar. Esa persona está en ese baño llevando a cabo un acto relacionado con desechos corporales, en una pose que revela su pubis poblado, junto con la cara interna de su ropa interior usada. Si acordamos que la vergüenza se define como un sentimiento de incomodidad generado por una humillación o pérdida de dignidad en público, se podrá decir que esta imagen encarna la vergüenza, pues la persona representada ha quedado involuntariamente expuesta mientras lleva a cabo un acto íntimo y revelador de su humanidad.

Aparte de este contenido un tanto desadaptado, hay más capas en la imagen. Una de éstas está dada por la sombra del interior de la taza del inodoro, que al ser más oscura que el tono que le correspondería, se junta con el negro del vello púbico para formar una figura que podría asemejarse, al menos como un esquema gráfico simplificado, a una prótesis fálica. O por otr o lado, tal segmento negro en la acuarela parecería estar tocando o invadiendo al cuerpo desde los genitales. Si este aspecto se mira de esta forma, vale la pena anotar que este recurso sería una cita remota a los segmentos de obscuridad inoculados en las figuras humanas pintadas por Francis Bacon, por ejemplo en el retrato de perfil de Lucian Freud sentado en un taburete. Las acuarelas de Lamassonne no tienen la carga de cuestionamiento metafísico de la figuración de Bacon, van por otro lado y no padecieron la baconmanía que embelesó a más de un pintor en los setentas. Es interesante elaborar sobre la imagen que genera una mancha oscura entrando a un cuerpo desde los genitales. Este detalle es el punctum (en el sentido del término acuñado por Roland Barthes) de esta acuarela. Hay una zona en la imagen que el cerebro del espectador debe reconocer como la representación de la oscuridad del espacio interior de una taza de inodoro, pero un sutil equívoco propuesto (quizás de manera involuntaria) por la autora, desata una serie de inquietantes posibilidades no resueltas.

En el piso rojo del baño hay un conjunto de segmentos de objetos poco identificables que podrían ser restos de un espejo quebrado. La narrativa en el cuadro está determinada por algo que ha sucedido y sobre lo cual tenemos un escaso índice: los vestigios en el suelo, por algo que está sucediendo: la persona ha quedado expuesta en medio de un acto íntimo y por un detalle ambiguo y dislocador: la silueta negra, acaso fálica, conformada por la unión de la oscuridad del interior de la taza de baño con el triángulo de vello púbico de la figura. Siempre hay algo enigmático, inquietante y no resuelto en las obras de Lamassonne que provoca un enganche perpetuo con la imagen.

iii. 

En el primer sector de Actos en silencio han sido dispuestas varias acuarelas que contienen a un personaje femenino protagónico. Corresponden a la segunda etapa del proceso de Lamassonne, de 1976 a 1980 (anterior al período de los 80, marcado por el contacto con el cine, cuando Lamassonne fue plena integrante del Grupo de Cali) y específicamente están asociadas a la serie Baños. Aunque no es un detalle estructural de esta curaduría, es pertinente resaltar que en este período la artista no utilizaba cámara de fotos para tener material de base para sus acuarelas. Todas fueron hechas a partir de observación directa, boceto a lápiz in situ sobre el papel acuarela y posterior terminado en estudio, de memoria. El acto de dibujar y observar en silencio, con plena concentración, es un factor tácito detrás de estas obras e implica una dinámica muy distinta a la que está detrás del video Secretos Delicados (1982), en el segundo piso de la exposición.

Por otro lado, las dinámicas de constitución de obra de Karen Lamassonne distan mucho de las de Liliana Vélez. En las obras seleccionadas para esta muestra Lamassonne representa cuerpos femeninos, mientras Vélez en sus performances privados, que son grabados y luego circulan como video, utiliza su cuerpo para producir imágenes que tienen como personaje central a un sujeto femenino, que lleva a cabo actos en silencio.

iv. 

En Chorro, un video de tres minutos de Liliana Vélez hay una tina de baño donde apar ece la figura de una mujer que empieza por mojarse los pies y las piernas para luego acomodarse recostada dentro de la bañera y dejar que un hilo de agua caiga sobre sus genitales. El chorro tiene un sonido continuo y la actividad de agua sobre el cuerpo produce una paulatina excitación hasta que la persona llega a un clímax. Brevemente después del éxtasis el video finaliza.

En Plantación, también de autoría de Vélez, se ve un acto de depilación púbica en reversa. Con un artilugio de edición, la artista puebla paulatinamente de vello a una zona púbica femenina que había sido depilada. Uno de los factores llamativos es lo explícito de la imagen en la que una zona genital externa queda registrada en primer plano. En contraste con la enigmática sutileza de Lamassonne, Vélez opta por exponerse públicamente, de la manera más directa, no sin sensibilidad y refinamiento, como recurso para poner en jaque al buen gusto y a las buenas costumbres tan arraigadas en nuestro contexto conservador. Si por un lado la punta de lanza de algunos sectores feministas celebrará con bombo y platillo la exaltación de la vulva en un medio de tradición falocéntrica dominante, no faltará un ejército godo (que desafortunadamente no verá esta muestra) que pondría el grito e n el cielo ante la exposición sin filtros del origen del mundo.

v. 

En Ensalada de frutas una mujer menuda que encarna la imagen de la inocencia y la bondad (valga la redundancia, el lugar común de la imagen de la inocencia y la bondad) apila segmentos de piña y toronja roja sobre un vidrio, formando el esquema simplificado de un tierno corazón. Debido al ángulo desde donde ha sido grabado el video el espectador queda situado como si estuviera abajo del vidrio mirando a la performer hacia arriba. La mujer no tiene camisa. Luego de terminar de organizar la fruta ella la ingiere al son editado del ruido que causa el golpe del tenedor contra el vidrio. Pasan pocos segundos después de terminar de ingerir la ensalada de frutas y la protagonista empieza un ritual de vómito cuidadoso contra la superficie transparente, hasta dejarla toda cubierta de una papilla anaranjada y homogénea, cargada de jugos digestivos.

En esta pieza sobresale una vez más el contraste entre la imagen de inocencia y un acto un tanto abyecto. De igual manera, se resalta el régimen que tiene incorporado el sujeto, al punto de poder controlar un impulso visceral y soltar con delicada elegancia un regalo para el mundo, fresco vómito bien comportado.

vi.

La animación A la masón, de la serie 24 cuadros por segundo, es un autorretrato hecho en un lenguaje de ilustración caricaturesca en el que una figura femenina desnuda desde la cintura hacia arriba, a la que solo se le ve la parte inferior del rostro, se cepilla los dientes hasta que la mezcla de pasta con saliva sale profusamente de su boca. No hay sonido. El sujeto de esta animación experimenta con soltura el placer travieso de sentir el cepillo en los dientes y las encías y dejar que la espuma picante se desparrame untando los labios y la quijada.

vii. 

El video S/T (De la serie Dibujos sobre piel) de Liliana Vélez muestra una mancha de tinta negra que se va esparciendo lentamente sobre la piel de algunos segmentos no identificables de un cuerpo hu mano. Los planos son muy cercanos, no hay claves para saber de dónde viene la substancia y en general todo el video funciona como una metáfora ambigua, sin anclajes a situaciones de la vida cotidiana. En este caso, también una mancha negra va invadiendo un cuerpo y desconfigurando, sin volverse explícita, la noción de pureza.

Al tiempo en que la tinta negra diseminándose y abriéndose paso por los minúsculos surcos de la piel causa un amargo placer, en el video se escucha un sonido indefinible, que parece ser el de alguien sorbiendo por un pitillo o jugando a hacer ruidos con su boca y su respiración. El sonido calza con el trajinar de la tinta, como si el líquido estuviera brotando, abriéndose paso a presión o inundando.

viii.

Una de las imágenes más inquietantes –el punctum– del video Sec retos Delicados de Karen Lamassonne es la de a una niña de un año y medio o dos sobre una cama, siendo sujetada por las piernas y manipulada suavemente por una persona adulta, con un vestido y ropa interior blancos. El calzón de la niña está manchado de rojo en la zona correspondiente a los genitales.

El video está compuesto por segmentos en los que aparecen personas llevando a cabo un sinnúmero de actos en silencio sin demasiada conexión explícita. Esto refuerza el carácter enigmático de las obras de Lamassonne. Una mujer se despierta exaltadamente en una habitación con ventana y brisa. Un hombre y una mujer zambullidos en una piscina de azul vibrante van y vienen desnudos libremente a pleno sol. Un sujeto mudo interpela con mugidos a alguien en un apartamento, esta persona le da unos mendrugos. Un grupo de adultos y la misma niñita ya mencionada corren por segmentos de un apartamento y suben escaleras con su cuerpo cubierto únicamente por acuarelas y grabados de Lamassonne. Todas estas visiones con el tiempo se desvanecen de forma relativamente fácil, pero la imagen de la niña puede tener un anclaje más fuerte en la memoria.

ix.

En la misma sala donde está Secretos Delicados hay una acuarela (S/T) en la que una figura femenina desnuda y con piel tersa está posada sobre un bidet dentro de un baño de piso blanco con un patrón geométrico en el baldosín, que emula una flor. Las paredes del baño son rosadas y en el piso hay un papel higiénico celeste junto a un segmento pequeño de cortina de plástico. El torso de la mujer llega hasta casi los hombros en la esquina superior izquierda de la composición; la cabeza ha quedado por fuera del área de la acuarela. La persona representada está dirigiendo su atención hacia su zona genital. Podría estarse depilando, afeitando, tocando. No es posible determinarlo.

El lenguaje pictórico de esta representación es singular. Es una figuración relativamente fidedigna, proporcionada, sin deformaciones significativas pero lejana a una representación agudamente realista. La levedad de la acuarela como medio, la cercanía a un lenguaje visual de ilustración o emparentado con obras maestras del dibujo animado al estilo de las primeras películas de Disney y una atmósfera inundada en rosa, le dan a la imagen un carácter irreal y ligero. El conjunto que conforma esta acuarela junto con todas las otras de Lamassonne en las que hay una figura femenina dentro de un baño, puede verse como una breve película definida por la presencia de un sujeto que está en algo, en un acto imposible de definir con exactitud.

x.

En la plancha que divide los dos sectores de la última escalera de la galería hay una superficie blanca donde se proyecta un video. Muchacha, de Liliana Vélez fue originalmente u na instalación de lugar específico en la ruina de lo que fue un baño. La obra se ha adaptado fácilmente a ese rincón de la galería. La mujer de la proyección lame voluntariamente, copiosamente, insaciablemente, irremediablemente un piso al infinito, con la vehemencia de una felación o un cunnilingus.

xi.

Dentro de un sifón de un baño rosado o de un baño con piso blanco y mosaicos verdes, o de una tina, o de un patio con baldosines de triángulos blancos y rojos y arabescos geometrizados o en un bidet, habita una tira vertical de pelo apelmazado acumulado de casi dos metros.






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Exposición actual: Vacío Suspendido Equilibrado Incrustado.
Liliana Andrade y Pablo Lazala.
               
Horario: Martes a Viernes de 11am a 5pm - Sábados de 12 a 4pm