Exposiciones/Exhibitions 2019





ACTOS EN SILENCIO

SILENT ACTS 

Karen Lamassone, Liliana Vélez
Curaduría: Andrés Matute
Texto: Andrés Matute 
Enero  - Febrero 2019
Fotografías: Carlos Orozco
Karen Lamassone, Liliana Vélez
Curator: Andrés Matute
Text: Andrés Matute
January - February 2019
Photographs: Carlos Orozco
i.
En un video hay una mujer desnuda sentada en un piso oscuro, quizás el de una cocina. Por trece minutos engulle cáscaras de huevo que toma de una columna junto a ella, previa y cuidadosamente apilada, de tamaño equiparable al de un falo humano en erección. La trituración bucal de la cáscara produce un sutil sonido que da placer, similar al placer de reventar burbujas de plástico de envoltura. Al mismo tiempo, podrá producir repulsión pensar en el paso de las migas de carbonato de calcio por el aparato digestivo: inundando la boca, rozando encías, secando la lengua y formando una pasta espesa que baja a la fuerza por la garganta hasta encontrarse inútilmente con los ácidos del cuerpo. Es intrigante esa extraña ingesta, el paso constante con que la persona introduce esa substancia no bienvenida por el organismo hasta dejar la pila que emulaba a un falo reducida a nada.

Se podrá especular sobre el implacable régimen de crianza que ha producido a un sujeto con ese nivel de perseverancia y control de impulso. Es posible lanzar la hipótesis de que esta muestra de severa voluntad desciende de la tradición cultural católica, en la que el martirio metódico y auto infligido fue (en sectores radicales lo es aún) un medio de purificación. Ninguna otra tradición cultural dominante en Colombia puede dar razón de este tipo de acción y el acto que puede verse en el video no surge de la nada. Desde un punto de vista sociológico, aunque la acción del video se da y circula dentro de la esfera especializada del arte, está inevitablemente conectada con tradiciones de programación cultural en nuestro contexto. Por esto, la acción del video no se queda en un capricho subjetivo, sino que compete a la colectividad en un sentido más amplio y queda la pregunta: ¿Qué lleva a un sujeto a hacer esto?

Aquí el catolicismo ha impuesto durante siglos nociones de rigor y templanza que llevan a prácticas psicológicas y corporales de algún modo equiparables a la que se puede ver en Huevo, de Liliana Vélez. Si para el radical practicante católico la purificación se logra a través de la ejecución de una contrita penitencia en la que el cuerpo aguanta un estímulo adverso, digamos un flagelo o un cilicio en secreto o en la intimidad del retiro en una habitación, bajo la supervisión omnipresente de una figura de autoridad inapelable –el ojo de Dios que todo lo ve-, para la performer hay pleno grado de logro al desintegrar –someter–, por medio de la fastidiosa ingesta y posterior defecación, a ese objeto fálico. La tensión de la obra radica en el contraste entre la imagen de un sujeto que encarna una inofensiva belleza (según imaginarios hegemónicos simplificados sobre el sujeto femenino) y un acto suficientemente abominable.

ii. 

En el texto de la serie Baños (Cali, noviembre de 1979, galería Club de Ejecutivos) Miguel González habla sobre el trastocado carácter de las naturalezas muertas pintadas por Lamassonne. Señala que «están compuestas por papel higiénico, desodorante, champú y jabones. Los humanos se bañan o defecan…» y añade «... Es distorsionada la perspectiva y el dibujo caprichosamente alterado. Los ángulos más inusuales son escogidos para elaborar situaciones que enseñan escenas recortadas, indicativas de lo esencial para que este trabajo posea unidad, personalidad y el entusiasmo de un pintor-mujer, adentrado a la intimidad de la vergüenza, el pudor, la especulación o el experimento…».

Además de la extrañeza que pudo haber generado la exposición Baños por los inusuales objetos y espacios representados -refrescante antítesis del statu quo de buenas costumbres burguesas encarnadas en juiciosos y bellos cuadros de jarros y frutas colgados en salas y comedores de casas-, es de resaltar la expresión «intimidad de la vergüenza». En S/T (figura femenina en baño con piso rojo) que fue parte de la muestra del 79 y está incluida en la exposición actual, se ve la representación de una mujer metida en un baño que tiene aspecto de ser público, definido por rincones corr oídos y por la presencia de un orinal. Ésta está sentada directamente sobre un inodoro de uso libre, imagen que podrá generar cierta incomodidad en el espectador que divague sobre el estado de higiene del lugar. Esa persona está en ese baño llevando a cabo un acto relacionado con desechos corporales, en una pose que revela su pubis poblado, junto con la cara interna de su ropa interior usada. Si acordamos que la vergüenza se define como un sentimiento de incomodidad generado por una humillación o pérdida de dignidad en público, se podrá decir que esta imagen encarna la vergüenza, pues la persona representada ha quedado involuntariamente expuesta mientras lleva a cabo un acto íntimo y revelador de su humanidad.

Aparte de este contenido un tanto desadaptado, hay más capas en la imagen. Una de éstas está dada por la sombra del interior de la taza del inodoro, que al ser más oscura que el tono que le correspondería, se junta con el negro del vello púbico para formar una figura que podría asemejarse, al menos como un esquema gráfico simplificado, a una prótesis fálica. O por otr o lado, tal segmento negro en la acuarela parecería estar tocando o invadiendo al cuerpo desde los genitales. Si este aspecto se mira de esta forma, vale la pena anotar que este recurso sería una cita remota a los segmentos de obscuridad inoculados en las figuras humanas pintadas por Francis Bacon, por ejemplo en el retrato de perfil de Lucian Freud sentado en un taburete. Las acuarelas de Lamassonne no tienen la carga de cuestionamiento metafísico de la figuración de Bacon, van por otro lado y no padecieron la baconmanía que embelesó a más de un pintor en los setentas. Es interesante elaborar sobre la imagen que genera una mancha oscura entrando a un cuerpo desde los genitales. Este detalle es el punctum (en el sentido del término acuñado por Roland Barthes) de esta acuarela. Hay una zona en la imagen que el cerebro del espectador debe reconocer como la representación de la oscuridad del espacio interior de una taza de inodoro, pero un sutil equívoco propuesto (quizás de manera involuntaria) por la autora, desata una serie de inquietantes posibilidades no resueltas.

En el piso rojo del baño hay un conjunto de segmentos de objetos poco identificables que podrían ser restos de un espejo quebrado. La narrativa en el cuadro está determinada por algo que ha sucedido y sobre lo cual tenemos un escaso índice: los vestigios en el suelo, por algo que está sucediendo: la persona ha quedado expuesta en medio de un acto íntimo y por un detalle ambiguo y dislocador: la silueta negra, acaso fálica, conformada por la unión de la oscuridad del interior de la taza de baño con el triángulo de vello púbico de la figura. Siempre hay algo enigmático, inquietante y no resuelto en las obras de Lamassonne que provoca un enganche perpetuo con la imagen.

iii. 

En el primer sector de Actos en silencio han sido dispuestas varias acuarelas que contienen a un personaje femenino protagónico. Corresponden a la segunda etapa del proceso de Lamassonne, de 1976 a 1980 (anterior al período de los 80, marcado por el contacto con el cine, cuando Lamassonne fue plena integrante del Grupo de Cali) y específicamente están asociadas a la serie Baños. Aunque no es un detalle estructural de esta curaduría, es pertinente resaltar que en este período la artista no utilizaba cámara de fotos para tener material de base para sus acuarelas. Todas fueron hechas a partir de observación directa, boceto a lápiz in situ sobre el papel acuarela y posterior terminado en estudio, de memoria. El acto de dibujar y observar en silencio, con plena concentración, es un factor tácito detrás de estas obras e implica una dinámica muy distinta a la que está detrás del video Secretos Delicados (1982), en el segundo piso de la exposición.

Por otro lado, las dinámicas de constitución de obra de Karen Lamassonne distan mucho de las de Liliana Vélez. En las obras seleccionadas para esta muestra Lamassonne representa cuerpos femeninos, mientras Vélez en sus performances privados, que son grabados y luego circulan como video, utiliza su cuerpo para producir imágenes que tienen como personaje central a un sujeto femenino, que lleva a cabo actos en silencio.

iv. 

En Chorro, un video de tres minutos de Liliana Vélez hay una tina de baño donde apar ece la figura de una mujer que empieza por mojarse los pies y las piernas para luego acomodarse recostada dentro de la bañera y dejar que un hilo de agua caiga sobre sus genitales. El chorro tiene un sonido continuo y la actividad de agua sobre el cuerpo produce una paulatina excitación hasta que la persona llega a un clímax. Brevemente después del éxtasis el video finaliza.

En Plantación, también de autoría de Vélez, se ve un acto de depilación púbica en reversa. Con un artilugio de edición, la artista puebla paulatinamente de vello a una zona púbica femenina que había sido depilada. Uno de los factores llamativos es lo explícito de la imagen en la que una zona genital externa queda registrada en primer plano. En contraste con la enigmática sutileza de Lamassonne, Vélez opta por exponerse públicamente, de la manera más directa, no sin sensibilidad y refinamiento, como recurso para poner en jaque al buen gusto y a las buenas costumbres tan arraigadas en nuestro contexto conservador. Si por un lado la punta de lanza de algunos sectores feministas celebrará con bombo y platillo la exaltación de la vulva en un medio de tradición falocéntrica dominante, no faltará un ejército godo (que desafortunadamente no verá esta muestra) que pondría el grito e n el cielo ante la exposición sin filtros del origen del mundo.

v. 

En Ensalada de frutas una mujer menuda que encarna la imagen de la inocencia y la bondad (valga la redundancia, el lugar común de la imagen de la inocencia y la bondad) apila segmentos de piña y toronja roja sobre un vidrio, formando el esquema simplificado de un tierno corazón. Debido al ángulo desde donde ha sido grabado el video el espectador queda situado como si estuviera abajo del vidrio mirando a la performer hacia arriba. La mujer no tiene camisa. Luego de terminar de organizar la fruta ella la ingiere al son editado del ruido que causa el golpe del tenedor contra el vidrio. Pasan pocos segundos después de terminar de ingerir la ensalada de frutas y la protagonista empieza un ritual de vómito cuidadoso contra la superficie transparente, hasta dejarla toda cubierta de una papilla anaranjada y homogénea, cargada de jugos digestivos.

En esta pieza sobresale una vez más el contraste entre la imagen de inocencia y un acto un tanto abyecto. De igual manera, se resalta el régimen que tiene incorporado el sujeto, al punto de poder controlar un impulso visceral y soltar con delicada elegancia un regalo para el mundo, fresco vómito bien comportado.

vi.

La animación A la masón, de la serie 24 cuadros por segundo, es un autorretrato hecho en un lenguaje de ilustración caricaturesca en el que una figura femenina desnuda desde la cintura hacia arriba, a la que solo se le ve la parte inferior del rostro, se cepilla los dientes hasta que la mezcla de pasta con saliva sale profusamente de su boca. No hay sonido. El sujeto de esta animación experimenta con soltura el placer travieso de sentir el cepillo en los dientes y las encías y dejar que la espuma picante se desparrame untando los labios y la quijada.

vii. 

El video S/T (De la serie Dibujos sobre piel) de Liliana Vélez muestra una mancha de tinta negra que se va esparciendo lentamente sobre la piel de algunos segmentos no identificables de un cuerpo hu mano. Los planos son muy cercanos, no hay claves para saber de dónde viene la substancia y en general todo el video funciona como una metáfora ambigua, sin anclajes a situaciones de la vida cotidiana. En este caso, también una mancha negra va invadiendo un cuerpo y desconfigurando, sin volverse explícita, la noción de pureza.

Al tiempo en que la tinta negra diseminándose y abriéndose paso por los minúsculos surcos de la piel causa un amargo placer, en el video se escucha un sonido indefinible, que parece ser el de alguien sorbiendo por un pitillo o jugando a hacer ruidos con su boca y su respiración. El sonido calza con el trajinar de la tinta, como si el líquido estuviera brotando, abriéndose paso a presión o inundando.

viii.

Una de las imágenes más inquietantes –el punctum– del video Sec retos Delicados de Karen Lamassonne es la de a una niña de un año y medio o dos sobre una cama, siendo sujetada por las piernas y manipulada suavemente por una persona adulta, con un vestido y ropa interior blancos. El calzón de la niña está manchado de rojo en la zona correspondiente a los genitales.

El video está compuesto por segmentos en los que aparecen personas llevando a cabo un sinnúmero de actos en silencio sin demasiada conexión explícita. Esto refuerza el carácter enigmático de las obras de Lamassonne. Una mujer se despierta exaltadamente en una habitación con ventana y brisa. Un hombre y una mujer zambullidos en una piscina de azul vibrante van y vienen desnudos libremente a pleno sol. Un sujeto mudo interpela con mugidos a alguien en un apartamento, esta persona le da unos mendrugos. Un grupo de adultos y la misma niñita ya mencionada corren por segmentos de un apartamento y suben escaleras con su cuerpo cubierto únicamente por acuarelas y grabados de Lamassonne. Todas estas visiones con el tiempo se desvanecen de forma relativamente fácil, pero la imagen de la niña puede tener un anclaje más fuerte en la memoria.

ix.

En la misma sala donde está Secretos Delicados hay una acuarela (S/T) en la que una figura femenina desnuda y con piel tersa está posada sobre un bidet dentro de un baño de piso blanco con un patrón geométrico en el baldosín, que emula una flor. Las paredes del baño son rosadas y en el piso hay un papel higiénico celeste junto a un segmento pequeño de cortina de plástico. El torso de la mujer llega hasta casi los hombros en la esquina superior izquierda de la composición; la cabeza ha quedado por fuera del área de la acuarela. La persona representada está dirigiendo su atención hacia su zona genital. Podría estarse depilando, afeitando, tocando. No es posible determinarlo.

El lenguaje pictórico de esta representación es singular. Es una figuración relativamente fidedigna, proporcionada, sin deformaciones significativas pero lejana a una representación agudamente realista. La levedad de la acuarela como medio, la cercanía a un lenguaje visual de ilustración o emparentado con obras maestras del dibujo animado al estilo de las primeras películas de Disney y una atmósfera inundada en rosa, le dan a la imagen un carácter irreal y ligero. El conjunto que conforma esta acuarela junto con todas las otras de Lamassonne en las que hay una figura femenina dentro de un baño, puede verse como una breve película definida por la presencia de un sujeto que está en algo, en un acto imposible de definir con exactitud.

x.

En la plancha que divide los dos sectores de la última escalera de la galería hay una superficie blanca donde se proyecta un video. Muchacha, de Liliana Vélez fue originalmente u na instalación de lugar específico en la ruina de lo que fue un baño. La obra se ha adaptado fácilmente a ese rincón de la galería. La mujer de la proyección lame voluntariamente, copiosamente, insaciablemente, irremediablemente un piso al infinito, con la vehemencia de una felación o un cunnilingus.

xi.

Dentro de un sifón de un baño rosado o de un baño con piso blanco y mosaicos verdes, o de una tina, o de un patio con baldosines de triángulos blancos y rojos y arabescos geometrizados o en un bidet, habita una tira vertical de pelo apelmazado acumulado de casi dos metros.



i.

In a video there is a naked woman seated in a dark floor, maybe a kitchen’s one. For thirteen minutes she gobble eggshells that she takes from a column next to her, which was previously and carefully stacked, of a size comparable to that of a human phallus in erection. The eggshells’ oral crushing produce a subtlety pleasure sound, similar to the pleasure of popping plastic wrap bubbles. At the same time, it may cause repulsion to think about the calcium carbonate crumbs passing through the digestive system: flooding the mouth, rubbing the gums, drying the tongue and forming a thick paste that goes forced down through the throat until it uselessly meets the body acids. The strange ingest is intriguing, the constant rhythm in which the person introduces the substance that is not welcomed by the body until leaving the pile that emulated a phallus reduced to nothing.

It can be speculated about the relentless parenting regime that has produced a subject with that level of perseverance and impulse control. It is possible to throw a hypothesis that this show of severe will descends from the catholic cultural tradition, in which the methodic and self-inflicted martyrdom was (and still is in some radical sectors) a means of purification. No other dominant cultural tradition in Colombia can account for this type of action and the act that can be seen in the video does not come out of nowhere. From a sociological point of view, although the action of the video is given and circulates within the specialized sphere of art, it is inevitably linked to traditions of cultural programming in our context. Because of this, the action of the video does not remain as a subjective whim, but compete to the community in a larger sense and leaves the question: ¿What leads a subject to do this?

Here Catholicism has imposed through centuries notions of rigor and temperance that leads to psychological and corporeal practices somehow comparable to what can be seen in Huevo, by Liliana Vélez. If for the radical catholic practitioner purification is achieved through the execution of a contrite penance in which the body resists an adverse stimulus, let’s say a scourge or a sackcloth in secret or in the privacy of the retreat in a room, under the omnipresent supervision of an unappealable authority figure –the eye of God that sees everything–, for the performer there is full degree of achievement when disintegrating –undergoing–, through the annoying intake and subsequent defecation of that phallic object. The tension of the artwork lies in the contrast between the image of a subject that embodies a harmless beauty (according to simplified hegemonic imaginary about the female subject) and a sufficiently abominable act. 

ii.

In the text of the series Baños (Cali, November 1979, Club de Ejecutivos gallery) Miguel González speaks about the upsetting nature of still lives painted by Lamassonne. He points out that «they are made of toilet paper, deodorant, shampoo and soaps. Human shower or defecate…» and adds «...the perspective is distorted and the drawing capriciously altered. The most unusual angles are picked to elaborate situations that present cropped scenes, indicative of the essential for this work to have unity, personality and the enthusiasm of a painter-woman, entered into the intimacy of shame, modesty, speculation or the experiment…».

In addition to the strangeness that might have produced the exposition Baños for the unusual objects and the spaces represented –a refreshing antithesis of the statu quo of bourgeois good manners embodied in judicious and beautiful pictures of jugs and fruits hung in living and dining rooms–, it is to highlight the expression «intimacy of shame». In S/T (female figure in a red floor bathroom) that was part of the 79’s exhibit and it is included in the current exposition, you can see the representation of a woman in a public-looking bathroom, defined by corroded corners and for the presence of a urinal. She is sitting directly on a free use toilet, image that may generate some discomfort on the viewer who wanders about the state of hygiene of the place. This person is in that bathroom conducting an act related with body wastes, in a pose that reveals her bushy pubis, along with the internal face of her used underwear. If we agree that shame is defined as a feeling of discomfort produced by humiliation or loss of public dignity, it could be said that this image embodies shame, because the person represented has been involuntary exposed while she performs an intimate and revealing act of her humanity.

Apart from this somewhat misfit content, there are more layers in the image. One of them is given by the internal shadow of the toilet bowl, that being darker than the tone that would correspond, pairs with the black from the pubic hair to form a figure that could resemble, at least as a simplified graphic scheme, to a phallic prosthesis. Or on the other hand, such black segment in the watercolor would seem to be touching or invading the body from the genitals. If this aspect is looked like this, it is worth noting that this resource would be a remote quotation to the dark segments inoculated in the human figures painted by Francis Bacon, for example in the profile portrait of Lucian Freud sitting on a stool. The watercolors by Lamassonne don’t have the metaphysical questioning burden of Bacon figuration, they go other way and didn’t suffer from the baconmanía that enchanted more than one painter on the sixties. It is interesting to elaborate about the image that generates a dark spot entering a body from its genitals. This detail is the punctum (in the sense of the term coined/acuñado by Roland Barthes) of this watercolor. There is an area in the image that the viewer’s brain has to recognize as the representation of darkness of the interior space of a toilet bowl, but a subtle proposed equivocal (maybe involuntarily) by the author unleashes a series of unsettling unresolved possibilities.

On the bathroom’s red floor there is a set of segments of poorly identifiable objects that could be remains of a broken mirror. The narrative in the picture is determined by something that has happened which we have a low index: the vestiges on the floor for something happening: the person has been left exposed in the middle of an intimate act and for an ambiguous and dislocating detail: the black silhouette, perhaps phallic, formed by the union of the of the interior of the toilet with the triangle of the pubic hair of the figure. There is always something enigmatic, disturbing and not resolved in the artworks by Lamassonne that causes a perpetual hook with the image.

iii.

In the first sector of Actos en silencio, several watercolors containing a leading female character have been arranged. They correspond to the second stage of Lammassonne’s process from 1976 to 1980 (before the 80s’ period, marked by the contact with cinema, when Lamassonne was a full member of Grupo de Cali) and are specifically related with the series Baños. Even if it is not a structural detail of this curatorship, it is relevant to highlight that in this period the artist didn´t use a photo camera to have base material for her watercolors. All of them where made from direct observation, pencil sketch in situ on the watercolor paper and later finished in the studio, from memory. The act of drawing and observe in silence, with full concentration, is a tacit factor behind this artworks and implies a very different dynamic than the one behind the video Secretos Delicados (1982), in the second floor of the exposition.

On the other hand, the dynamics of the constitution of Karen Lamassonne’s artwork are far away from those of Liliana Vélez. In the artworks selected for this exhibit Lamassonne represent female bodies, while Vélez in her private performances that are recorded and then circulate as videos, uses her body to produce images that have a female subject as a central character, which carries out acts in silence.                                                                                          
iv.

In Chorro, a three minute video from Liliana Vélez, there is a bathtub where a figure of a woman appears and start to get her feet and legs wet to then lie down inside the bathtub and let a water thread falls over her genitals. The waterjet has a continuous sound and the activity of the water over the body produces a gradual arousal until the person reaches a climax. Briefly after the ecstasy the video ends.

In Plantación, also authored by Vélez, an act of pubic hair removal in reverse is seen. With an edition artifice, the artist gradually filled with hair a pubic female area that had been shaved. One of the flashy/llamativos factors is the explicit of the image in which an external genital area is registered in the forefront. In contrast with the enigmatic subtlety of Lamassone, Vélez chooses to expose herself publicly, in the most direct way, not without sensitivity and refinement, as a resource to put in check good taste and good manners so rooted in our conservative context. If on one hand the spearhead of some feminist sectors will celebrate with hype the exaltation of the vulva in a medium of dominant phallocentric tradition, there will be a godo army (that unfortunately won’t see the exhibition) that would scream at the sky at the unfiltered exposition of the origin of the world.

v.

In Ensalada de frutas a petit woman that embodies the image of innocence and goodness (forgive the redundancy, the common place of the image of innocence and goodness) stack segments of pineapple and red grapefruit over a glass, forming a simplified scheme of a tender/cute heart. Due to the angle from where the video has been recorded, the viewers are located as if they were under the glass looking up at the performer. The woman doesn’t have a shirt. After finishing organizing the fruit, she ingests it at the rhythm of the edited noise of the blow of the fork against the glass. Few seconds passes after finishing swallowing the fruit salad and the protagonist begins a ritual of careful vomit against the transparent surface, until leaving it all covered with an orange and homogeneous mash, loaded with digestive juices.

In this piece excels one again the contrast between the image of innocence and a somewhat abject act. Similarly, the regime that the subject has incorporated is highlighted, to the point of being able to control a visceral impulse and delicately release a gift for the world, fresh well behaved vomit.

vi.

The animation A la mason, from the series 24 frames per second, is a self-portrait made in a cartoonish illustration language in which a naked female figure from the waist up, to which only the lower part of the face is seen, brushes her teeth until the mixture of paste and saliva goes out profusely from her mouth. There is no sound. The subject of this animation experiments with ease the naughty pleasure of feeling the brush on the teeth and gums and let the spicy foam spread out smearing the lips and jaw.

vii.

The video S/T (from the series Dibujos sobre piel) by Liliana Vélez shows a black ink spot that spreads slowly over the skin of some unidentifiable segments of a human body. Los planos are very close, there are no keys to know where the substance comes from and in general all the video works as an ambiguous metaphor, without anchors to any everyday situations. In this case, also a black spot is invading a body and deconfiguring, without becoming explicit, the notion of purity.

At the time the black ink is spreading and breaking through the tiny furrows of skin producing a bitter pleasure, in the video an indefinable sound is heard, that seems to be someone sipping on a straw or playing to make noises with its mouth and breath. The sound fits with the rush of the ink, as if the liquid were would be sprouting, breaking through or flooding.

viii.

One of the most disturbing images –thepunctum– from the video Secretos Delicados by Karen Lamassonne is the image of a one-and-a-half to two year old girl on a bed, being held by the legs and handled gently by an adult, with a white dress and underwear. The girl’s underwear is stained with red in the area corresponding to the genitals.

The video is composed of segments in which people appear doing countless silent acts without too much explicit connection. This reinforces the enigmatic nature of Lamassonne’s artworks. A woman waking up exaltedly in a room with a window and wind. A man and a woman diving in a vibrant blue pool come and go freely naked under the full sun. A muted subject interpellating someone in an apartment with a moo, this person gives it some crust of bread. A group of adults and the same little girl already mentioned running through segments of an apartment and going upstairs with their bodies covered only by watercolors and engravings of Lamassonne. All these visions fade relatively easy with time, but the image of the girl may have a stronger anchor in memory.

ix.

In the same room where Secretos Delicados is, there is a watercolor (S/T) in which a naked female figure with smooth skin rests on a bidet inside a white floor bathroom with a geometric pattern on the tiles, emulating a flower. The bathroom walls are pink and in the floor there is a light blue toilet paper next to a small segment of a plastic curtain. The woman’s torso reaches almost to the shoulders in the upper left corner of the composition; the head has been left out of the watercolor. The person represented is directing her attention towards her genital area. She could be depilating, shaving, touching. It is not possible to determine it.


The pictorial language of this representation is singular. It is a relatively reliable figuration, proportionate, without significant deformations but far from an acutely realistic representation. The lightness of watercolor as a medium, the proximity to a visual language of illustration or related to cartoon masterpieces in the style of the first Disney movies and a full pink atmosphere, give the image an unreal and light character. The set that conforms this watercolor next to all of the others from Lamassonne in which there is a female figure inside a bathroom, could be seen as a short movie defined by the presence of a subject that is doing something, in an act impossible to define exactly.

x.

On the plate that divides the two sectors of the last staircase of the gallery there is a white surface where a video is projected. Muchacha, by Liliana Vélez was originally a specific place installation in the ruin of what once was a bath. The artwork has easily adapted to that corner of the gallery. The woman of the projection voluntarily, copiously, insatiably, irremediably licks a floor to infinity, with the vehemence of a fellatio or cunnilingus.


xi.

Inside a siphon of a pink bathroom or a bathroom with white floor and green mosaics, or from a bathtub, or from a patio with white and red triangles tiles and geometrized arabesques or on a bidet, inhabits a vertical strip of accumulated compact hair of almost two meters long.


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