*Fotos por Sebastián Cruz

 

 

 

HIPER INTERIOR

 

 

 

Ingresamos al primer piso topándonos con una Metáfora Estomacal. Una estructura de madera que funciona como una columna vertebral que sostiene por delante de ella todo un sistema que se despliega a lo largo de la sala. Esta pieza que se confunde entre el rosado, el rojo y el anaranjado; y que se suspende del techo a través de poleas, es un paralelo entre el estómago como órgano y su abanico interpretativo para entender el mundo y los objetos que lo ocupan. El estómago se paraliza con el miedo y retiene la ira, se contrae con la ansiedad y se expande con las alegrías, puede ser el mejor aliado en los momentos de soledad, acumula y deshecha, absorbe, se infla, y hasta se confunde con el corazón cuando creemos estar enamorados.

 

Al igual que José Sanín, algunos estudiosos de oriente, carentes de cualquier herramienta científica pero basados en la observación y la experimentación, han heredado durante muchos años, conocimientos acerca de nuestro cuerpo y su anatomía. Para ellos todos los órganos del cuerpo, excepto el corazón, están, como a través de las poleas rojas que suben hasta el techo de la sala, directamente conectados a nuestro sistema nervioso que recibe todos los estímulos a través de los sentidos.  

 

Metáfora Estomacal está ubicada dentro de la sala de tal forma que cuando se ingresa al espacio, se encuentra con la pieza desde su punto más alto, es como si se observara todo el sistema desde arriba, desde lo alto. De esta forma, cuando entramos a la sala vemos como esta arma gigante intimida como si apuntase hacia ti con coraje. Cubierta de una capa fibrosa roja como los órganos del cuerpo, la pieza funciona como un cono que crece decididamente hacia una dirección específica. Es como si una fuerza poderosa impulsada por un tanque de gasolina la atrajera hacia un punto.

 

Según la astrología, el hígado que es el mayor de los órganos internos de color café rojizo, está representado por Júpiter. Este planeta gigante es el planeta de la expansión, la dirección y el sentido de la vida. Es el planeta de las simples respuestas a las grandes preguntas. Es por esto que el hígado corresponde a la parte de la mente que como la pieza de Sanín, permite mirar desde lo alto para seguir una dirección. El material en este caso, la madera, funciona como un ente vivo que representa todo lo que se mueve y se extiende libremente, todo lo que crece y no en función de su estructura sino en función del movimiento. A pesar de su forma geométrica, el objeto se torna flexible de acuerdo a la interacción con el público, como en un paralelo entre la manera en que se digiere la experiencia de vivir y las relaciones que entablamos con los materiales que nos rodean. Tanto la madera como el hígado finalmente funcionan como facilitadores de comunicación y de la fluidez, como impulsadores de movimiento y del crecimiento.

 

Más adelante, hacia adentro de la sala, la estructura pesada tiene en el medio un tanque rectangular como si fuera un contenedor de vísceras. Este lugar de almacenamiento de forma alargada y horizontal, desemboca en un estrecho y largo ducto. Este embudo es testigo de una función, que como el intestino, analiza y clasifica, comprende y entiende, y que corresponde a la parte de un sistema que cumple la función de síntesis. Y así, este sistema estomacal resulta siendo el sistema que responde a tantos estímulos: que recibe, que clasifica, que prueba, que juzga, que suelta, que acumula, que expulsa. 

 

Metáfora Estomacal es finalmente una metáfora de cómo caminamos el mundo, es una metáfora de la vida, es nuestro gran sistema de combate, esta arma gigante que ataca sólo porque nos sentimos vulnerables, que cuando se siente vacía anhela chocolates como sustitutos del amor, pero que nunca se llena porque realmente nunca ha sido deshabitada.

 

Al subir a la sala del segundo piso, es como si de un momento a otro, nos encontráramos en el mundo interior de esa estructura roja, de ese estómago, de esa mente. Entramos a esta sala oscura pero iluminada por las imágenes de personajes deformes, animales que hablan y voces sin cuerpo, como en una especie de esquizofrenia donde Alicia, un personaje familiar para todos, camina en un mundo que es todo menos lo que debería ser. Esta vez, acompañada de sonido, la instalación de Haruhi Hiyashi corresponde al eterno intento humano de encajar, ordenar, enlistar y clasificar. Alicia representa a una mente - o a un estómago - en búsqueda de ese orden que es resultado de un modelo preestablecido. El personaje impulsado por el miedo, busca estrategias para amoldarse, para ordenarse, para ajustarse a un patrón establecido: hacer listas, aprobar exámenes, lograr títulos, ser exitosa en su carrera, ser buena madre y pareja, y si es afortunada, ser ella misma.

 

Y cada vez que avanza la búsqueda, aumentan las conversaciones incoherentes y las respuestas se vuelven complejas para las simples preguntas. Es ese intento de orden que genera desorden, es como si el contenedor de tripas de la estructura roja de madera se activara en un remolino donde resuenan todas las estructuras nerviosas, no solo las propias. Y finalmente nos encontramos en medio de estos 12 minutos en los que ya nos olvidamos del momento en que entramos en ese Hiper Interior de esa mente, de ese estómago, que resguarda el poder de la respuesta que viene siempre desde adentro: “Estoy persiguiendo lo imposible. Es imposible lograr el equilibrio perfecto en la vida” dice Alicia. 

 

 

María Camila Montalvo